Javier Marías critica las nuevas normas de la RAE

    A fines del año pasado, la colmena literaria recibió los adelantos de las nuevas normas ortográficas de la Real Academia Española. A partir de 2011, esas normas han entrado en vigor. 
    Como suele ocurrir cada vez que se producen cambios, las últimas modificaciones generaron adhesiones y rechazos. Es mucho lo que se ha hablado acerca de las nuevas normas y, quien más quien menos, todo el mundo sabrá de qué se habla en la nota que sigue. Sin embargo, si alguien no está al tanto o necesita refrescar la memoria, puede echarle un vistazo a las nuevas normas en esta página de La Nación.
    Ahora sí, todos igualados en información, veamos unos extractos de la crítica del escritor español —y miembro de la RAE— Javier Marías.
    (La nota completa pueden encontrarla en el excelente blog de Lidia Castro Hernando: palabrasdearena.)


    MADRID.- No sé si una de las funciones, pero desde luego uno de los efectos y grandes ventajas de la ortografía española era, hasta ahora, que un lector, al ver escrita cualquier palabra que desconociera (si era un estudiante extranjero se daba el caso con frecuencia), sabía al instante cómo le tocaba decirla o pronunciarla, a diferencia de lo que ocurre en nuestra hermana la lengua italiana. Si en ella leemos "dimenticano" ("olvidan"), nada nos indica si se trata de un vocablo llano o esdrújulo, y lo cierto es que no es lo uno ni lo otro, sino sobresdrújulo, y se dice "diménticano". Lo mismo sucede con "dimenticarebbero" ("olvidarían"), "precipitano", "auguro" y tantos otros que uno precisa haber oído para enterarse de que llevan el acento donde lo llevan: "dimenticarébbero", "prechípitano", "áuguro". Del francés ni hablemos: es imposible adivinar que lo que uno lee como "oiseaux" ("pájaros") se ha de escuchar más o menos como "uasó". El inglés ya es caótico en este aspecto: ¿cómo imaginar que "break" se pronuncia "breic", pero "bleak" es "blic", y que "brake" es también "breic"? ¿O que la población que vemos en el mapa como "Cholmondeley" se corresponde en el habla con "Chomly", por añadir un ejemplo caprichoso y extravagante, y hay centenares?
    Este considerable obstáculo era inexistente en español —con muy leves excepciones— hasta la aparición de la última Ortografía de la Real Academia Española, con algunas de sus nuevas normas. Vaya por delante que se trata de una institución a la que no sólo pertenezco desde hace pocos años, sino a la que respeto enormemente y tengo agradecimiento. El trabajo llevado a cabo en esta Ortografía es serio y responsable y admirable en muchos sentidos, como no podía por menos de ser, pero algunas de sus decisiones me parecen discutibles o arbitrarias, o un retroceso respecto a la claridad de nuestra lengua. Tal vez esté mal que un miembro de la RAE objete públicamente a una obra que lleva su sello, pero como considero el corporativismo un gran mal demasiado extendido, creo que no debo abstenerme. Mil perdones.
    Lo cierto es que, con las nuevas normas, hay palabras escritas que dejan dudas sobre su correspondiente dicción o —aún peor— intentan obligar al hablante a decirlas de determinada manera, para adecuarse a la ortografía, cuando ha de ser ésta, si acaso, la que deba adecuarse al habla. Si la RAE juzga una falta, a partir de ahora, escribir "guión", está forzándome a decir esa palabra como digo la segunda sílaba de "acción" o de "noción", y no conozco a nadie, ni español ni americano (hablo, claro está, de mi muy limitada experiencia personal), que diga "guion". Tampoco que pronuncie "truhán" como "Juan", que es lo que pretende la RAE al prohibir la tilde y aceptar sólo "truhan". De ser en verdad consecuente, esta institución tendría que quitarle también a ese vocablo la h intercalada (¿qué pinta ahí si, según ella, se dice "truan" y es un monosílabo?), lo mismo que a "ahumado", "ahuyentar" y tantos otros. O, ya puestos, y siguiendo al italiano y a García Márquez en desafortunada ocasión, ¿por qué no suprimir todas las haches de nuestra lengua? Los italianos escriben "ipotesi", "orrore", "eresia" y "abitare", el equivalente a "ipótesis", "orror", "erejía" y "abitar". Y dado que la Academia parece inclinada a facilitarles las cosas a los perezosos e ignorantes suprimiendo tildes, no veo por qué no habría de eliminar también las haches. (Dios lo prohíba, con su hache y su tilde.)
    En cuanto a "guié" o "crié", si se me vetan las tildes y se me impone "guie" y "crie", se me está indicando que esas palabras las debo decir como digo "pie", y no es mi caso, y me temo que tampoco el de ustedes. Hagan la prueba, por favor. Tampoco digo "guió" y "crió" como digo "vio" o "dio", a lo que se me induce si la única manera correcta de escribirlas es ahora "guio" y "crio" (en la Ortografía de 1999 poner o no esas tildes era optativo, y no alcanzo a ver la necesidad de privar de esa libertad). […] Si un número muy elevado de hablantes percibe todos estos vocablos como bisilábicos con hiato, y no como monosilábicos con diptongo, ¿a santo de qué impedirles la opcionalidad en la escritura? La RAE parece tenerle pánico a la posibilidad de elegir en cuestión de tildes (que es algo menor y que no afecta a la sacrosanta "unidad de la lengua"). Pero es que además es incongruente en eso, porque sí permite dicha opcionalidad en "periodo" y "período", "policiaco" y "policíaco", "austriaco" y "austríaco" (yo siempre las escribo sin tilde), lo mismo que en "alvéolo" y "alveolo", "evacúa" y "evacua" y otras más. ¿Por qué no permitir que cada hablante opte por "truhán" o "truhan", como aún puede hacerlo (por suerte) entre "solo" y "sólo", "este" y "éste", "aquel" y "aquél"? La posibilidad de seguirles poniendo tildes a estas palabras no es para mí irrelevante. ¿Cómo saber, si no, lo que se está diciendo en la frase "Estaré solo mañana"? Si se la escribe en un mail un hombre a su amante, la diferencia no es baladí: sin tilde significa que estará sin su mujer; con tilde que mañana será el único día en que estará en la ciudad. No es poca cosa, la verdad. Por menos ha habido homicidios.
    Además hay algunas objeciones que quisiera hacer a las nuevas normas de la reciente Ortografía de la Real Academia Española y de las otras veintiuna, sobre todo americanas, que la han acordado por unanimidad.
    a) Mayúsculas y minúsculas. […] Al referirse a un rey concreto, omitiéndole el nombre, habría que escribir "el rey" y nunca "el Rey". Yo no pienso seguir esta norma, porque considero que algunos títulos y nombres geográficos funcionan como nombres propios y topónimos, o son sustitutivos de ellos. Cuando en España decimos "el Rey" —y dado que sólo hay uno en cada momento—, utilizamos esa expresión como equivalente de "Juan Carlos I", algo a lo que casi nadie recurre nunca. De la misma manera, "Islas Malvinas" funciona como un nombre propio en sí mismo, equivalente a "República Democrática Alemana", que era el oficial del territorio también conocido como Alemania Oriental o del Este. Según las últimas normas, deduzco que nos tocaría escribir "la república democrática alemana", con lo cual no sabríamos bien si se habla de un país o de qué. […] Y si leo "príncipe de Gales", dudo si se me habla del tejido así llamado o del heredero a la corona británica.
    b) Zeta. La RAE ha decidido que el nombre de esa letra se escriba sólo con c, porque con ésta se representa ese sonido —en parte de España— antes de e y de i. Siempre me pareció tan adecuado que el nombre de cada letra incluyera la letra misma que durante largo tiempo creí que la x se escribía "equix", aunque todos digamos "equis" y así se escriba de hecho. Pero es que además el reciente Diccionario panhispánico de dudas, de la misma RAE, valida grafías como "zebra" (aunque la juzga en desuso), "zinc" o "eczema". Y, desde luego, no creo que se oponga a que sigamos escribiendo "Ezequiel" y "Zebulón". No veo, así pues, por qué "zeta" pasa a ser ahora una falta. No está mal que haya algunas excepciones o extravagancias ortográficas en las lenguas, y en español son tan pocas que no veo necesidad de suprimirlas.
    c) Qatar. La RAE decide que este país y sus derivados —"qatarí"— se escriban con c. El origen de esa peculiar grafía —aceptada en casi todas las lenguas— está, al parecer, en la recomendación de arabistas, que distinguen dos clases diferentes de fonema k en árabe. Por eso, arguyen, se escribe "Kuwait" y se escribe "Qatar", pese a que nosotros percibamos el fonema en cuestión de una sola manera. La representación gráfica de las palabras —eso lo sabe cualquier poeta— tiene un poder evocativo y sugestivo que las nuevas normas desdeñan. Si yo leo "Qatar", en seguida se me sugiere un lugar exótico y lejano. Si leo "Catar", en cambio, lo primero que me viene a la imaginación es una cata de vinos. Pero es que además, para ser consecuente, la RAE tendría que condenar la ortografía "Al Qaeda" y proponer "Al Caeda" o quizá "Al Caida" o quién sabe si "Al Caída". […]
    d) Ex. Decide la RAE que no se separe ese prefijo del vocablo que lo acompañe, y que se escriba "exmarido", etc. Sin embargo, y dado que en español hay numerosas palabras largas que empiezan por "ex" sin que esa combinación sea un prefijo, un estudiante primerizo de nuestro idioma puede verse en dificultades para saber si "exayuntamiento" es un vocablo en sí mismo o si "exacerbación" o "execración" se componen de dicho prefijo y de las inexistentes "acerbación" y "ecración".
    e) Adaptaciones. Las grafías "mánayer" o "pirsin", que la RAE propone, son tan irreconocibles como lo fue "güisqui" en su día (fea y además mal transcrita, como si escribiéramos "güevos"). En cuanto a "sexi", es directamente una horterada, siento decirlo.

    En la Academia hay quienes consideran que discutir y objetar a estas cosas es perderse en minucias. Puede ser. Pero habrá de concedérseme que también lo es, entonces, dictaminar sobre ellas y aplicarles nuevas normas. Si la Ortografía se ha molestado en mirarlas, no veo por qué no debamos hacerlo quienes estamos en desacuerdo con sus modificaciones.
    Termino reiterando que mis modestas objeciones no me impiden reconocer el gran trabajo que, en su conjunto, supone la nueva Ortografía, obra admirable en muchos sentidos. Habría sido redonda si no hubiera querido enmendar lo que quizá ya estaba bien, desde su versión de 1999. Porque para mí nuestra lengua es ahora un poco menos elegante y menos clara.


    Hasta aquí la nota. Yo quisiera cerrar este post manifestando que, al igual que le ocurre a Javier Marías, me encuentro flotando en un mar de corrientes opuestas: por un lado siento que la Real Academia Española merece los mayores respetos (y quienes han pasado por mi taller saben que la RAE es el primer referente al que me remito a la hora de corregir o sugerir) y por otro, coincido casi totalmente con lo expuesto por Marías. Una de las nuevas normas que más me desconcierta es la de unir el prefijo "ex" a la base léxica. Según resaltan los impulsores de estas nuevas normas, éstas se proponen facilitarnos las cosas. Sin embargo, en este caso uno debe pensar que si la palabra es única, el "ex" va pegado ("expresidente", pongamos por caso), pero si es compuesta, entonces el "ex" debe ir separado ("ex teniente coronel", por ejemplo). ¿No era más fácil ponerlo siempre separado? ¿Qué se nos está facilitando en este caso?… Por último, ¿qué sucede con las posibles anfibologías? Pienso, por ejemplo, en esa película que ya es un clásico de clásicos: El expreso de medianoche. Tal vez en unos años no faltará quien interprete que ese "expreso" no es un tren sino alguien que ya no está preso... Y lo curioso es que la misma trama del film acentuará el equívoco: ¡justo trata de un tipo que se escapa de prisión!
    Y usted, querido visitante de estas tramposas tierras, qué opina...
Javier Marías critica las normas RAE

8 comentarios:

  1. nolberto malacalza3 de abril de 2011, 11:26

    Excelente lo de Julián y también lo tuyo, Daniel. Tranquilamente se puede confundir el "Expreso de media noche" con un individuo que estuvo preso. Y qué casualidad, el muchacho norteamericano huyó y se convirtió en "ex preso". Tendría que campear un contexto muy fantástico para que el tipo se convierta en "expreso" y que resulte verosímil.

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  2. Genial, Daniel, tu observación sobre "ex-preso". Y excelente la nota de Marías. Creo que todos estamos sorprendidos por las nuevas normas. Sorprendidos y dudando. Un abrazo. Laura

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  3. Hola Daniel, magnifica actualización, que bello escribís y tu creatividad es admirable. Excelente lo Javier Marías.
    Abrazos y besos
    Raquel Luisa Teppich

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  4. Nolberto: gusto de verlo por estas pampas. Y de oír su voz. ¡Muchas gracias por pasar!
    Un gran abrazo.

    Laura: ¡¡¡qué lujo de visita!!! Mil gracias por dejarnos su comentario, tan valioso por tratarse de una excelente escritora. Cuando quiera regresar, es su casa.
    Un abrazo.

    Raquel: ¡mil gracias por tener siempre la deferencia de leer y comentar!
    Un gran cariño.

    Y, para seguir hablando del tema, una adivinanza: ¿ustedes saben cuál es el oficio que ya no admite jubilación?...
    El de sepulturero o cavador. Porque, gracias a las nuevas normas, un cavador ahora se convierte en un "excavador", o sea que sigue trabajando más o menos de lo mismo :-))

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  5. Nolberto Malacalza6 de abril de 2011, 15:01

    ¿Y qué pasa con el exabrupto? ¿Es alguien que dejó de ser un tipo inabordable?

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  6. Jajaja. Está muy bien. Imaginemos esta situación: un alumno me presenta un cuento y yo le sugiero alargar el final porque resulta muy "abrupto". Él lo corrige, me lo envía y yo le respondo: ahora sí, este final es todo un exabrupto...
    Gran abrazo.

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  7. Interesantísima entrada, Daniel.
    Comparto la opinión, creo que bastante generalizada, de que esta última reforma de ortografía por parte de la RAE deja mucho que desear.

    Un abrazo.

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  8. Bueno, María José, muchas gracias por dejar tu opinión.
    Un gran abrazo.

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