Los contrastes en el cuento


(Este iluminador artículo, que también puede leerse como disparador para crear cuentos, fue tomado del blog de la escritora Laura Massolo.)


Por Laura Massolo

   Ha germinado una idea luminosa. Y, manos al teclado, decidimos convertirla en un cuento.
  En general, el cuento surge de una anécdota que acaban de contarnos, de una noticia de la radio, de una imagen instantánea, de un recuerdo que sobreviene.
   O de una historia que ya leímos, alguna vez, hace mucho. Y que resulta fatalmente parecida a la que estamos a punto de narrar.
   El teclado, que había empezado una sucesión de sonidos, comienza a enlentecerse ante la duda de una muy probable falta de originalidad.
   Sin desestimar la posibilidad de que el acto creativo sea capaz de librarse de todo prejuicio, el cuentista conoce las limitaciones que supone este género: una estructura precisa, un lenguaje claro, una elección acertada del narrador, una coherencia interna. La teoría posmoderna insiste en convencernos de que no hacemos más que reescribir lo que ya se ha escrito. La irrupción de los medios visuales, la velocidad y la multiplicidad de la información se erigen como amenazas para el interés que podrá despertar la lectura.
  Sabemos, por otro lado, que nuestro futuro lector seguirá pretendiendo el placer del entretenimiento y el encanto de la sorpresa, y que deberemos complacer tanto sus ansias de participar de manera activa en la historia como las de disfrutar de una narración capaz de informar algo nuevo. Y, con ese fin, será prudente obedecer a Poe y a otros grandes maestros del cuento, que señalan la necesidad de producir un efecto en el lector.
  Sabemos, también, que la sugerencia excesiva puede ocasionar confusión o sustituir la intención narrativa por códigos herméticos e indescifrables.
   Nos han dicho, hasta el cansancio, que, a causa del cansancio mismo, las descripciones resultan cargosas si no contribuyen a la atmósfera de la narración.
¿Cómo responder a tantas exigencias?
    Ya, a esta altura de las consideraciones, el teclado se ha detenido. La idea inicial parece haber perdido todo su resplandor.
  Y es, probablemente, este entorno de convenciones el que determina la parálisis: el conocimiento excesivo del género, la asociación inevitable con las figuras ya establecidas.
   Por ejemplo, en el escenario de un cementerio, los sucesos suelen ser lúgubres, o terroríficos, o inquietantes; en una iglesia, son místicos, o secretos, o aluden a la paz o al milagro; en una ciudad, todo es vértigo y movimiento. En la primavera son factibles, dada la belleza del paisaje, la ensoñación y el romance. En el rigor del invierno se perfilan el abandono, las carencias, la tristeza. Un personaje con características siniestras genera hechos siniestros, deplorables, pecaminosos. Un niño no puede más que celebrar la ternura o la inocencia; una mujer hermosa, incitar al deseo.
    Y volvemos al lugar común de que los árboles pierden las hojas en otoño y el otoño es metáfora de aquella etapa de la vida en que la juventud empieza a declinar. Así no habremos informado de nada nuevo.
   Será conveniente, entonces, antes de reavivar el tecleo, situar la historia en un contexto paradojal: en el cementerio, bien puede ocurrir que una mujer dé a luz; el templo puede ser escenario de la hecatombe y la ciudad del misticismo; el invierno puede ser dulce y acogedor; la primavera, un trastorno de poluciones, una cadena de molestias. El personaje siniestro será, en todo caso, el bienhechor en una anagnórisis sorprendente y, tal vez, lo podamos enfrentar al niño perverso y hacer que la mujer bella transporte el estigma del rechazo.
   La vida está hecha de relaciones y la tendencia natural del razonamiento es la búsqueda de la lógica. La literatura, en cambio, debe tender a la ruptura de toda lógica.
    Nada vale la pena de ser contado si no sorprende. Y es lo paradojal lo que afianza la novedad de cualquier historia; es decir, todo aquello que produce un quiebre en el sentido común, todo aquello que desvirtúa la figura consabida del pensamiento y, por lo tanto, genera interés o conmoción.
    En realidad, el interés de la literatura se centra en la paradoja. Y, para crearla, es suficiente con buscar tonos que, sin ser opuestos, puedan resultar contrastantes. La misma contraposición hará que cobren intensidad.
  Orientándonos hacia búsqueda del efecto emocional, es válido reconocer que la ingenuidad, en contraposición con la injusticia, genera de inmediato un clima compasivo; el desvalimiento, la ignorancia, la marginalidad, ante algún hecho atroz, potencian la gravedad del suceso.
    Cortázar mezcla pesadillas con tonos de fuerte sensualidad. Rulfo inserta la violencia en la melancolía y en el desamparo de sus personajes. Kafka no abandona el tono oficinesco durante el progreso de una horrenda metamorfosis.
    Literatura es mezcla, combinación, antítesis, alarma.
   Y ahora, a insertar aquella idea brillante en un contraste, o a insertar un contraste dentro de la idea.
    Puede ser que del simple choque entre dos tonos surja el cuento. Puede tratarse, incluso, de contar algo terrible con un tono cálido o displicente; o algo muy tierno con un tono de furia.
    El efecto emocional del lector estará logrado.
  Un resplandor en la oscuridad, por supuesto, será mucho más luminoso.


Para conocer más sobre Laura Massolo, clic en su foto.
Más teoría literaria: Lo importante no es el tema sino su tratamiento | ¿De qué hablamos cuando hablamos de cuentos?



18 comentarios:

  1. Interesante artículo, Daniel.
    Gracias por compartirlo.

    Un abrazo.

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  2. A menudo pasa que cuando surge la inspiración las ideas se empiezan a entrelazar como una enredadera y el cuento, en nuestra cabecita, parece increíble.

    Quisieramos poderlo haber escrito justo como lo pensamos en esa ráfaga de inspiración.

    Pero, al sentarnos frente al teclado, nos empiezan a surgir problemas: cómo decir esto? cómo evitar repetir? cómo dar a entender? Y ahí llega la técnica a sacarnos de nuestra nube de inspiración...jajajaj

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  3. María José: gracias a vos por la visita.
    Un beso.

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  4. Ceci, querida: por eso escribir bien es tan difícil. Y tan hermoso.
    Besote.

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  5. ¡Qué bueno encontrar palabras de Laura por acá, Daniel!
    ¿Sabés que hace unos meses comencé a tallerear con ella?
    Te digo, Marcelo y Laura son una buena combinación, y en tu blog, esa combinación funciona muy bien.
    Un beso

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  6. Muy buen artículo, che. Aunque a mí como dibujante, me cuesta a veces contrastar. Un personaje sombrío casi siempre lo incluyo en un paisaje siniestro, donde es de noche, y seguro que hace frío. Jajajaj!! Pero algo está cambiando, Daniel: No nos olvidemos del fanático de los dinosaurios que se pelea con los empleados de una juguetería. jajajajja. (Facundo Coronel)

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  7. ¡Hola, Jor! Sí, sabía que estabas haciendo taller con Laura. Linda combinación.
    Gracias por la visita.
    Un besote.

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  8. ¡Hola, Facu, qué bueno verte por estas tierras!
    Tu Locosaurio es un buen ejemplo de contraste. ;)
    Un abrazo, y muchas gracias por pasar y comentar.

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  9. Daniel, muchas gracias por compartir este artículo que, sin lugar a dudas, toca un punto muy sensible a la hora de la creación literaria: evitar caer en los lugares comunes.
    Seguiré navegando en este espacio, y te invito al mío:

    EL MAGO DE TU CORAZÓN

    Un abrazo desde Colombia

    Carlos Eduardo

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  10. ¡Bienvenido a estas tierras, Carlos Eduardo! Y mil gracias por dejar tu opinión y tu saludo.
    Un gran abrazo,
    Daniel

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  11. Me pareció muy bueno el artículo. Ocurre eso que relata Laura cuando uno se pone a escribir. Su teoría de los contrastes seguramente puede ayudar.
    Daniel, gracias por ese espacio.
    Un abrazo
    Osvaldo

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  12. Muy buena y didáctica actualización,
    Laura nos brinda pautas mejorar nuestros escritos.Gracias Daniel por compartir...Felicitaciones a los dos.
    Un placer recorrer tu maravilloso blog.
    Abrazos y besos
    Raquel Luisa Teppich

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  13. Osvaldo: por supuesto, es un consejo muy útil, y si te fijas bien, esos contraste aparecen en los textos de muchos escritores de relevancia. Yo los he notado en varios cuentos de Silvina Ocampo, por ejemplo. Los narradores de Silvina narran sucesos espantosos con un desparpajo que en vez de atenuar acentúo el horror.
    Me alegra que te haya gustado el artículo, y muchas gracias por transitar estas tierras.
    Un abrazo.

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  14. Raquel, querida amiga: esta vez todo el mérito es de Laura. Compartirlo es lo mínimo que puedo hacer.
    Mil gracias por acompañarme siempre.
    Un beso.

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  15. Daniel:
    excelente el comentario de Laura -Muy bueno que lo hayas traído al blog. Es cierto, lo que nos pareció al comenzar una idea luminosa-original, irrepetible, comienza a decaer a medida que nuestra mente hace comparaciones. Entonces comienzan a pesar las definiciones de los grandes escritores-cuentistas- perdemos la idea original, la encontramos demasiado parecida a la de algún gran genio. Y nos quedamos pàralizados. Buscar el contraste, lo paradójico, "la luz en la oscuridad", la sorpresa, lo irreal, fantástico, lo ilógico...esa es la salida a nuestro deseo de escribir y no copiar. Muy bueno la definición y el consejo. Gracias! a vós por traerlo y a la autora por tan buen consejo. AYUDA y MUCHO!!!!!!!!.
    Alicia.

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  16. Bueno, querida Alicia, muchas gracias. Sin dudas es un artículo muy valioso el de Laura.
    Un beso enorme y gracias por volver.

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  17. Es la primera vez que entro al blog y tengo casi la certeza de que no será la última. Me gustó mucho el artículo. Es claro y no descuida ninguna de nuestras cavilaciones en el momento de sentarnos a escribir.Creo que algunos diálogos de odio con el teclado podrían convertirse en cuento.
    Muchas gracias
    Cristina

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  18. ¡Bienvenida, Cristina!
    Tu "casi certeza" es nuestro deseo: ojalá nos sigas visitando.
    Me alegra que te haya gustado el artículo.
    ¡A seguir aporreando ese odioso teclado! :)

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