Tres microcuentos de Marco Denevi

  Cuento de horror

  La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses), resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio.
  Se lo dijo:
  —Thaddeus, voy a matarte.
  —Bromeas, Euphemia —se rio el infeliz.
  —¿Cuándo he bromeado yo?
  —Nunca, es verdad.
  —¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
  —¿Y cómo me matarás? —siguió riendo Thaddeus Smithson.
 —Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
  El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

  La inmolación por la belleza

  El Erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche, y si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.
  Una vez alguien encontró esa esfera híspida, ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo (como aconsejan los libros de zoología), tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, o quizá falsas, cascabeles, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, flores de nácar y de terciopelo, mariposas artificiales, un coral, una pluma y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso.
  Todos acudieron a contemplarlo. Según quien lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro de Roc, o si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bucentauro, o si la miraba algún envidioso, un bufón.
  El erizo escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco.
  Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso.

  El emperador de la China

  Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado del difunto emperador. «¿Veis? —dijo—. Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser emperador». El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.

Biografía de Marco Denevi
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10 comentarios:

  1. Muy distintos los 3 pero todos ellos geniales. Si tengo que decantarme por uno, me quedo con el primero. Esa flema inglesa me subyuga :-)
    Gracias, Daniel.

    Un abrazo.

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  2. ¡Hola, querida María José!
    Veo que ya estás de regreso, y en la huella literaria.
    ¡Qué bueno que estos micros te parecieran geniales!

    Un abrazo

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  3. Excelentes cuentos del maestro Denevi, un placer de lectura.
    Cada uno con su particular universo nos dosifica la complejidad de las personas y sus justificaciones ante la realidad.

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  4. ¡Hola, Carlos! Bienvenido a estas Tierras.
    Si la lectura te ha brindado placer, entonces puedo decir "misión cumplida".
    Un abrazo, y muchas gracias por la visita.

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  5. Nolberto Malacalza29 de agosto de 2011, 16:04

    En estos micros hay mucho ingenio. Don Marco es un grande y el género abordado tiene futuro, me parece. Se leen cada vez menos los relatos innecesariamente largos. Otra cosa es hablar de las pocas obras maestras que son extensas y atrapantes a la vez.
    Abrazo,
    Nolberto

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  6. Sí, Nolberto, el microcuento es un género que viene en ascenso. Lo imponen, sobre todo, las prisas de la gente de hoy. Es un género especial para este espacio que algunos llaman la blogosfera. Y es que resulta difícil leer algo extenso en un aparato rígido y luminoso como es un monitor: la vista se cansa, los músculos se entumecen... En ese sentido, el libro de papel le saca ventaja: uno puede cambiarlo de posición, subirlo o bajarlo, alejarlo o acercarlo, leerlo en la cocina, en el parque, en el tren... En ese terreno yo prefiero el cuento más extenso, el "tradicional" digamos, el que sembró Poe y que los buenos escritores siguen cosechando hoy.
    Los "relatos innecesariamente largos" sin dudas deben de ser malos relatos. Pero ojo, hay cuentos de cuarenta páginas a los que no les sobra ni una sola y son excelentes. Y relatos de dos páginas a los que les sobra una y media. Es el cuento mismo el que le exige al escritor la extensión. Omitir esa exigencia, ya sea alargando o acortando, es, muy probablemente, malograr el cuento.
    Un gran abrazo, y gracias por la lectura y el comentario.

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  7. Los conocía pero vuelvo a leerlos y se renueva el placer que me proporcionan los textos y la admiración por el talento de Marco Denevi.
    Es la primera vez que ingreso y me interesaron todos los comentarios. Muy acertado tu comentario, Daniel.
    Es cierto que algunos cuentos dicen "basta" a los gritos No quieren que los alargue más. No sé si será un estúpido afán de contradecir, pero me hago la sorda. Cuando al final lo leo, una vez más me digo:el cuento tenía razón
    Cristina

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  8. Bienvenida, Cristina, a esta tierra de letras.
    Muy cierto lo que decís: el cuento siempre tiene razón.
    Gracias por pasar y dejar tu comentario. Y ojalá regreses pronto.
    Un beso.

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  9. Hace tiempo que leí los tres relatos cortos, pero como salen pocas publicaciones, los he leído de nuevo, y me gustan casi por igual pero si tengo que elegir, me quedo con el segundo, porque me ha hecho pensar si los animales no solo sufren la amenaza de los depredadores, el acoso del hombre, etc. ¿También puede sufrir sabiendo que no son bellos?

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  10. ¡Hola, Ángel!
    El micro que decís puede prestarse a diferentes interpretaciones. A mí me hace pensar en la vanidad de algunos hombres: llegar a la muerte por conservar la belleza es una hipérbole que pinta muy bien lo superficiales que a veces podemos ser. ¿Has notado que al principio del relato dice "Erizo", con mayúscula, y que al final se pone con minúscula?...
    Un abrazo, y muchas gracias por leer y comentar.

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