Entrevista a Marcelo di Marco

    Como le dije al entrevistado hace unos días, más que un reportaje, esto es un mes de taller gratis. A continuación publico algunos extractos; la entrevista completa pueden encontrarla en Revista Axxón

Por Ricardo Germán Giorno
      Axxón: Bueno, presentate, decinos algo de vos.
    Marcelo di Marco: Antes de estrenar mi perfil de novelista (Random House Mondadori acaba de lanzar, por Sudamericana Joven, el thriller Victoria entre las sombras), publiqué, a lo largo de casi tres décadas, diez títulos de poesía, narrativa y ensayo. Doy talleres de escritura desde hace más de treinta años, y traté de sintetizar toda esa experiencia en varios libros sobre estilo que son de aplicación constante en ámbitos privados y oficiales, dentro y fuera del país. La más conocida de estas obras es el best seller Taller de corte & corrección, que ya va por su quinta edición, en el sello DeBolsillo. Atreverse a escribir y Atreverse a corregir, escritos con mi esposa, Nomi Pendzik, van por la cuarta, y Hacer el verso por la segunda. El libro con que desembarqué en Sudamericana, en 1995, es una colección de relatos que se titula El fantasma del Reich, ganador en 1994 del concurso de la Fundación Antorchas. Soy padre de las mellizas Florencia y Marina, quienes están por licenciarse en Letras y que, con su talento y sensibilidad, me hacen sentir cada día más orgulloso.
    […] Me encanta la ficción de horror sobrenatural, y desde esa calentura fundé La Abadía de Carfax, círculo de escritores que ya está dando que hablar con sus antologías de relatos. Dicté talleres de literatura fantástica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y fui secretario de redacción de la revista La Cosa. ¿Qué más puedo decirte? Me siento muy feliz conmigo, con mi gente y con mi carrera: gracias a Dios, la legión de escritores que trabajan en el Taller de Corte y Corrección publica y gana premios a cada rato, y vels ya se está vendiendo en todas las librerías del país a un precio más que razonable. Vaya aquí mi agradecimiento a todo el equipo editorial de Random: por lo que se ve en la calle, el libro está siendo ampliamente difundido, y coincidirás en que tiene una pinta bárbara, con una tapa bien compradora (o vendedora, según se vea). Y bueno: si me preguntás —como hacía Jorge Luz— si me siento realizado, te diría que, a pesar de mi blanca barba, una especie de “pendejez anímica” me hace sospechar que está todo por vivirse y escribirse.

     Tenés una vastísima trayectoria como escritor y coordinador de talleres literarios. ¿Pensás que son inseparables? ¿O no?
    Tal vez estas palabras que sobre vels me hizo llegar ayer mi alumno Norberto Dinota respondan a la pregunta: “Y ni hablar de las acertadísimas referencias literarias y del estilo de escritura que resume todas las lecciones que nos transmitís en el taller”. Uno es uno, y el estilo es el hombre. Perdón si sueno obvio, pero en estos tiempos de disociación conviene recordarlo. Hablando de estilo, también conviene recordar que un buen editor o coordinador de taller es aquel que no le impone al grupo un estilo determinado (y, mucho menos, una temática equis). Si bien hay asuntos literarios —pocos, pero bastantes— en los que se da un acuerdo general, el contexto manda que haya una pedagogía específica para cada texto de cada escritor en formación. Puedo mostrarte pilas de escritos de alumnos míos que no se parecen en nada a la escritura que aplico en vels, que a su vez difiere de la que yo mismo aplico en otras ficciones propias. Y me anticipo a tu próxima pregunta: ¿en qué punto se da un acuerdo absoluto, o casi? Como diría el gran Dashiell Hammett: “No conozco a ningún escritor de primera fila ni a ningún crítico que no considere como el más perfecto el estilo que viste las ideas con las palabras más adecuadas”. Pongamos por caso, el verbo “mirar”, según el contexto, puede ser superado por “observar”, “estudiar”, “espiar” o “contemplar”. Un ejemplo simple, pero que concentra mucho del secreto de la literatura. Igual hay que pensar que Hammett dijo esto hace casi un siglo. Ciertos escritores actuales afirman que no les interesan los personajes bien construidos sino los mal construidos; incluso aseguran, públicamente y de lo más campantes, que no les interesa la literatura; hasta me he enterado de que algún poeta dijo por ahí que la palabra “corrección” —dentro de nuestro ámbito, desde luego— es una palabra autoritaria. Frente a tales sandeces, frente a tales esnobismos satisfechos de su propia molicie, prefiero considerarme un escritor anacrónico: me encanta cautivar a mi lector y pagar mis impuestos, como dicen los yanquis, con lo que escribo y lo que enseño.

    Ya que te tenemos, ¿algún/nos consejo/s para escritores principiantes?
    A riesgo de sonar sentencioso, te paso cinco premisas que pueden ayudarlos enormemente a lograr esa fluidez que va de la mano de la claridad:
1 Lean siempre en voz alta sus textos, como si estuvieran ante un público. Cada vez que hagan una modificación, relean todo lo hecho, siempre en voz alta y desde el párrafo previo. Eso los ayudará a ver cómo suena el texto, si tiene rimas indeseables o no. Esta es la más importante de las pautas, por eso la pongo en primer lugar. Si les da vergüenza leer en voz alta, aunque estén solos, piensen que están persiguiendo un fin noble y repriman de ese modo la vergüenza. Si hay gente alrededor, que tampoco les importe leer en voz alta: todo el mundo sabe que los escritores estamos más que limados. Y no lean como si estuviesen ante la guía telefónica; se trata de un texto suyo, y como tal convendría respetarlo.
2 Desconfíen de frases en las que hayan puesto más de dos comas. Posiblemente tengan un problema de puntuación. El uso de la coma es el más arbitrario respecto de otros signos; de ahí que existan tantos problemas a la hora de puntuar. Y además el uso indebido de la coma —o el no uso— puede llegar a cambiar el sentido de lo que uno quiso expresar. No es lo mismo decir “Los soldados, que fueron heridos, recibieron atención médica” que “Los soldados que fueron heridos recibieron atención médica”.
3 Pongan siempre al final de la frase lo que quieran destacar como más importante. Lo último que digan es lo que al lector le quedará más. No es lo mismo escribir “Rosita fue asesinada por la noche” que “Por la noche, fue asesinada Rosita”. En el primer caso, el escritor puso el acento en el momento del día en que fue asesinada Rosita.
4 Desconfíen asimismo de frases que tengan más de treinta palabras. Frases con más de treinta palabras ponen a prueba la capacidad respiratoria del lector, el significado que expresan se empieza a confundir, y los nexos subordinantes a agotarse. En boca cerrada no entran moscas. Miren la diferencia, ya que estamos: “Desconfíen asimismo de frases que tengan más de treinta palabras, pues frases con más de treinta palabras ponen a prueba la capacidad respiratoria del lector, el significado que expresan se empieza a confundir, y los nexos subordinantes a agotarse… y nos hacen recordar que en boca cerrada no entran moscas”. ¡Un pulmotor para la mesa cuatro, por favor!
5 No se hagan los artistas. Escriban siempre con frases claras y sencillas. El mundo está harto de retórica. He dicho.

    Lograste una muy buena imagen como cuentista. ¿Qué te “llevó” a la novela?
    Siempre me sedujo el movimiento centrífugo que propone esa estructura tan tolerante que es la narración de largo aliento, sentía curiosidad por probarme en ese género aparentemente tan permisivo. Escribir un cuento es como disparar con rifle sobre un blanco bien seleccionado y fijo, tiro a tiro y con dos o tres cartuchos, en tanto que la escritura de una novela recuerda más a efectuar incontables y constantes disparos de escopeta o de pistola dirigidos a múltiples objetivos móviles. El cuento es centrípeto por naturaleza, y siempre me siento no demasiado incómodo en ese registro. Pero, antes de vels, a menudo me preguntaba qué significaría nadar a mar abierto en las insospechadas corrientes de la novela. Una vez, mi maestro Vicente Battista me dijo: “El cuentista tiene encima cincuenta mil deberes y preceptos, mientras que sobre el novelista pesa uno solo: no aburrir”. Y tenía razón mi querido sensei. Cuando empecé a escribir novela me sentí un potro suelto. Era como si me hubiesen quitado un corsé; aclaro que nunca usé uno, pero supongo que así debían de sentirse esas señoras de fines del XIX cuando liberaban sus masas oprimidas; o los jugadores de ping-pong cuando entrenan con raquetas de plomo, a la hora de jugar con la de madera y goma. Noto que al comienzo de esta respuesta califiqué a la novela como “género aparentemente tan permisivo”. Teniendo en cuenta que la libertad sin ningún control deviene en anarquía, al lado de la frase de Battista cuelgo esta de García Márquez: “Una cosa es una historia larga y otra una historia alargada”. La novela existe porque la materia narrativa que a uno se le va cruzando por la cabeza requiere de más páginas para ser contada. Pero para todo hay un límite. Como dice mi mujer: “Ni tan calvo ni con dos pelucas”, lema que trato de aplicar dentro y fuera de la literatura. Y gracias por lo de mi “buena imagen como cuentista”.

     Entrando en tema con tu novela: según se lee en la contratapa, Victoria entre las sombras es un libro de aventuras donde el protagonista huye de su drama familiar junto a una amiga, pero… ¿cómo definirías vos de qué trata Victoria?
    Quiero aclarar que no me propuse, a priori, escribir desde un tema determinado. Proponerse desarrollar el Gran Tema es el mejor modo de cometer idioteces: los tachos de basura están repletos de Grandes Temas y Buenas Intenciones. Y mi intención básica con vels fue la de contar una historia que lograse cautivar al lector. Eso sí: si la narración fluye y deja una marca en él, es porque hay en ella algo más, algo que acaso seduzca en un nivel inconsciente. Algo que no fue pensado por uno, pero que el lector rescata por debajo del “cuentito”. Y bueno, cuando me puse a mirar mi “cuentito” con ojos ajenos, descubrí que uno de los principales temas que se juegan en esta oscura fábula es el de la lucha contra el miedo y las limitaciones que la crueldad y la vulgaridad tratan de imponernos a cada paso. En cierto modo, vels también es un manual de supervivencia: de empezar siendo un chico como cualquiera —como cualquier chico que es tratado como un trapo de piso en su casa, digamos—, el protagonista pasa por un camino de iniciación, y de las terribles pruebas sale cubierto de cicatrices, pero convertido en un héroe. Otro tema podría ser el de la comunidad viril: cuatro que se enfrentan al mal, cada uno con el alma en carne viva —en mi narración, el mal es encarnado por un horror sin nombre, del que nada puedo revelar en esta entrevista—. La fe, el coraje, la amistad y el arte son bienes que también se barajan acá y allá en mi novela. Y ni que hablar de las relaciones parentales: al comienzo de la aventura, Tomás huye de su sádica madrastra y del pollerudo del padre, que no lo defiende frente a los atropellos. Pienso que es bueno estimularles la rebeldía a los chicos. Pero no la rebeldía ante las cosas buenas, por supuesto, como se suele aconsejar desde los gabinetes políticamente correctos, sino la rebeldía ante la estupidez, la hipocresía y la mediocridad de los adultos. No obstante, como contrapeso de esos aparatos corruptos y corruptores que en vels son “los grandes”, está la Yaya, la abuela. La Yaya viene a ser, dentro de la historia, la voz de la razón. Todos en la vida hemos conocido gente así. Gente de pelotas bien puestas. Gente que, aunque el mundo se vuelva loco y todo parezca patas para arriba, jamás claudicará ante la forma mentis del hombre moderno ni abjurará de su fe.
    […] Quiero agradecerle el espacio a Eduardo Carletti, y a vos por esta entrevista: cuando hace unos años me tocó publicar mi primer cuento en la legendaria Axxón, lo viví como un hito en mi carrera; así de simple. Bueno, aquí va el link a la página oficial de vels:

9 comentarios:

  1. Hola y congratulaciones por tan maravilloso, pleno de actualizaciones de alto contenido literario.Gracias Daniel por tu visita al mío y maravilloso comentario a mi poema.
    Buen inicio de semana
    Abrazos y besos
    Raquel Luisa Teppich

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Raquel querida.
    Un beso grande.

    ResponderEliminar
  3. Hola Dani!!

    Te comento que lei Victoria entre las Sombras.

    Mi humilde opinión es que es el tipo de novela que tiene la capacidad de gustar a todas las edades.

    En lo personal, me enamore de muchos de los personajes, sobre todo la abuela Yaya y claro de los principales, Victoria y Tomás.

    Di Marco sigue esa máxima que predica: frases simples pero efectivas. Como aconsejaba Hemmingway "no se haga el artista!".

    ResponderEliminar
  4. ¡Muy buena radiografía, querida Ceci! Es tal cual como vos decís.
    Muchas gracias por asomarte.
    Besos.

    ResponderEliminar
  5. Muy buen reportaje Daniel. Una clase de corte y corrección.
    Agrego: excelente novela "Victoria entre las sombras". Una joya.

    Mariarosa

    ResponderEliminar
  6. Sí, Mariarosa, excelente novela. También yo la disfruté muchísimo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  7. ES Increíble todo lo que se puede aprender con alguien como Marcelo di Marco. Digno alumno de su profesor, porque también con vos aprendo mucho.
    De tanto sentirte hablar de él, me dio deseos de conocerlo personalmente. Tal vez algún día se de.
    En cuanto a su novela, me gustaría conseguirla.
    Muy buen artículo. gracias.

    ResponderEliminar
  8. Es Increíble todo lo que se puede aprender con alguien como Marcelo di Marco. Digno alumno de su profesor, porque también con vos aprendo mucho.
    De tanto sentirte hablar de él, me dio deseos de conocerlo personalmente. Tal vez algún día se de.
    En cuanto a su novela, me gustaría conseguirla.
    Muy buen artículo. gracias.

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola, querida Silvia!
    A la novela podés conseguirla sin ningún problema: ya está en todas las librerías, incluso aquí, en nuestra ciudad.
    Y conocerlo a Marcelo también es posible. Puedo presentártelo en uno de los asados que su taller organiza cada semestre en el Tiro Federal.
    Un besote, y gracias por pasar y comentar.

    ResponderEliminar