Concreto versus abstracto

El texto que sigue pertenece al ensayo literario Aprender a escribir, de Alicia Steimberg. Como de costumbre, publico sólo algunos extractos, pero te recomiendo leer el libro completo. Presta atención a lo que explica la autora a continuación, porque es uno de esos "secretos" del oficio que resultan reveladores.
Por Alicia Steimberg

Textos buenos y textos malos


Mis observaciones sobre los numerosos textos malos —y malísimos— que llegan a los concursos literarios han sido muy útiles para enseñarme, por contraste con los buenos, qué es lo que calificamos como texto malo. Quiero decir texto desechable. Siempre que soy jurado de concursos literarios me pregunto por qué fallan algunos de esos textos que están correctamente escritos pero cuya lectura resulta insoportable. Y cómo hacemos los miembros del jurado para descubrir y seleccionar los textos buenos que van a resultar finalistas y candidatos para los premios y ponernos tan fácilmente de acuerdo. Una respuesta inmediata es que los buenos textos son muy pocos y se diferencian nítidamente de los demás. [...] Los miembros del jurado siempre arribamos a la misma conclusión: aproximadamente el noventa por ciento de las obras recibidas son malas o malísimas. Aunque decir que son malas no explica bien el fenómeno. Lo mejor sería decir sencillamente que “no son”. Claro que si fuera al revés sería sorprendente, porque la convocatoria no exige ningún requisito en particular para participar en el concurso; es para todo aquel que pueda llenar hasta cinco páginas con escritura y mandarlos.

[...] Pero nos falta una de esas preguntas que no podemos pasar por alto (¿Adónde van a morir los pajaritos? ¿Adónde van las medias desaparecidas que dejan a sus compañeras sin par después de un lavado de ropa?): ¿Qué hacer con ese noventa por ciento de textos enviados al incinerador de papeles una vez terminado el concurso? Yo le encontré una invalorable utilidad: me enseñaron a determinar —sin demasiado rigor— por qué un texto es malo y en qué se diferencia de un texto bueno a fuerza de mostrar casi siempre las mismas fallas y defectos, principalmente la ausencia de dos cualidades, visualidad y carácter concreto.

El texto malo [...] trata de relatar una historia sin particularizar. Habla de un grupo de personas que salieron de viaje y sigue adelante sin haber dicho nada que permita al lector formarse una imagen visual de ellos: no se sabe si partieron de Buenos Aires en tren o de Santiago del Estero en una carreta arrastrada por bueyes, ni si esto último, lo de la carreta tirada por bueyes, sucedió en el año 1801 o en el año 1998, cuando se hizo una evocación de las costumbres camperas de otrora en Venado Tuerto. No se sabe si los turistas son de clase acomodada y van en avión a Hawaii en el año 1950, o si son cristianos que estaban escondidos en las catacumbas y un día que salieron a tomar aire fueron apresados por los guardias romanos y llevados al Coliseo para que se los comieran los leones.

Si el “cuento” sigue como la frase inicial: “Un grupo de personas salió de viaje”, abstracto, general, sin nada para “ver” con los ojos de la mente, y el lector salta tres páginas y se encuentra en medio de un túnel oscuro, el texto, sin ninguna duda, se irá a ese lugar donde mueren los pajaritos y van a caer las medias perdidas sin su compañera.

Visualización. Concreto versus abstracto


Veamos cuáles son esas dos características de un buen texto narrativo de ficción que observé en el comienzo de la mayoría de los libros calificados como excelentes. Pero aun antes de enunciarlas debo advertir que estos dos parámetros no son suficientes para escribir un buen texto: también están presentes en muchos bodrios y bazofias. Lo que quiero decir es que en la gran mayoría de los textos que son buenos, por muy variados motivos, se dan estas características. Eso es todo. La norma se puede formular de esta manera:

En un buen texto de ficción, prácticamente desde el primer párrafo, el lector puede imaginar visualmente lo narrado.
En todos esos buenos textos hay una preeminencia de lo concreto sobre lo abstracto.

[...] Veamos, en una lista de libros de ficción, todos tomados al azar de los estantes de mi biblioteca, las líneas con que comienza el texto:

Los viernes de la eternidad, de María Granata:
Se quedó mirándolo, quieta como una langosta. Y hasta es posible que haya crujido. Con las manos no pudo hacer nada, ni siquiera santiguarse, y pese a que sus ojos estaban a punto de reventar a fuerza de desorbitados, tuvo entereza.
[...]
El silenciero, de Antonio Di Benedetto:
La cancel da directamente al menguado patio de baldosas. Yo abro la cancel y encuentro el ruido.
Lo busco con la mirada, como si fuera posible determinar su forma y el alcance de su vitalidad. Viene de más lejos de los dormitorios, de un terreno desocupado que yo no he visto nunca, los fondos de una casa espaciosa que emerge en otra calle. 
Marianela, Benito Pérez Galdós:
Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y obscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de la tierra soñolienta, y el viajero siguió adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba el de la noche.
[...]
Ulises, de James Joyce:
Imponente, el rollizo Buck Mulligan apareció en lo alto de la escalera, con una bacía desbordante de espuma, sobre la cual traía, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana hacía flotar con gracia la bata amarilla desprendida. 
“Bola de sebo”, de Guy de Maupassant:
Durante varios días consecutivos habían cruzado por la ciudad jirones del ejército derrotado. No se trataba de la tropa, sino de hordas desbandadas. Los hombres llevaban barbas crecidas y sucias, uniformes andrajosos, y avanzaban con paso cansado, sin bandera, sin regimiento.
[...]
En el curso de esta investigación sobre la visualidad del texto, que no he descubierto yo, sino de la cual habla ya Borges en 1935, en el primer prólogo a Historia universal de la infamia, cuando dice en su autocrítica a los cuentos del volumen “la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas”, y enseguida: “ese propósito visual rige también el cuento ‘Hombre de la esquina rosada’”; en esta investigación, decía, no sólo está involucrada la vista, sino también otros sentidos. Observen que entre los ejemplos de comienzos de novelas y cuentos, no sólo se apela a lo visual: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, hace una increíble fusión entre lo visual y lo auditivo.

[...] Una vez escrito un texto hay que revisarlo, y si se nota una acumulación de generalizaciones y abstracciones, será bueno nutrirse de ejemplos acerca de cómo comienzan sus textos los buenos autores de ficción. Cómo los comienzan y cómo los siguen. [...]

Fuente: Alicia Steimberg, Aprender a escribir (Fatigas y delicias de una escritora y sus alumnos), Ed. Aguilar, 1ª edición, 2006.

24 comentarios:

  1. Cada vez que me paso por tu casa me voy con una agradable sensación de haber aprendido algo. Siempre.
    Gracias, Daniel.

    Un abrazo.

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  2. Gracias, querida María José. Me alegra que las entradas te causen esa sensación.
    Un beso.

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  3. Más que un blog, un aula magna. Muchas gracias por este texto tan esclarecedor.

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  4. Gracias por dejarnos estas directrices, todo un placer pasar por aquí.
    Un beso.

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  5. Agradecida de leer un texto tan revelador y concluyente. Ojalá también nos asesores en poesía.
    Un abrazo.

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  6. creo sinceramente que como escritora novel (a pesar de mis 72 años)hoy al leer esta estupenda y esclarecedora nota, me doy cuenta real de una simple sintesis- UN ANTES Y UN DESPUES- Gracias

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  7. gracias- hoy descubri leyendo esta aclaradora nota que si es verdad existe un ANTES Y UN DESPUES- gracias nuevamente

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  8. Francisco: jajaja, si esto es un "aula", vos tenés asistencia perfecta. Muchas gracias. Un abrazo.

    San: gracias a vos, por pasar y comentar. Besos.

    Taty: bienvenida a esta tierra de letras. Me alegra que te gustara el texto, y te prometo que pronto subiré algún consejito para poetas. Un abrazo.

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  9. Teresita: bienvenida, y qué bueno que encontraras útil la nota de Alicia Steimberg.
    Los escritores no tenemos edad ;)
    Un abrazo, ¡y a seguir escribiendo!

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  10. ¡INTERESANTÍSIMO! He de reconocer que me supo a poco. Pero... Se habla del cuento. Me pregunto qué sucede en los micros en los que la economía en el número de palabras no permite demasiada descripción.
    Un abrazo

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  11. ¡Hola, Montse, cómo estás!
    Es cierto: el microcuento centra su objetivo, principalmente (y casi exclusivamente, diría yo), en un golpe de efecto, el del final, y por lo tanto no hay demasiado tiempo para perderse en armar climas, perfilar personajes, etc. Sin embargo, el carácter visual no es algo que se consiga únicamente a largo plazo, sino que puede estar presente en cada frase, sustantivo tras sustantivo, acción tras acción. Y sin necesidad de detenernos en "descripciones". Fijate que todos los textos citados en el artículo son muy breves y son bien visuales. Mirá este micro de César Alurralde:
    Los zapatos
    Trenzó los zapatos nuevos y tomando en cada mano los extremos de los cordones, como si fuesen un par de riendas, comenzó a ajustarlos. No obstante el esfuerzo, los zapatos sin domar huyeron desbocados con su dueño a cuestas.


    ¿Notás que podemos ver todo lo expresado? Pues bien, allí tenemos un ejemplo de que lo concreto predomina por sobre lo abstracto. A eso se refiere Alicia Steimberg cuando habla de "visualidad", a que las situaciones que planteamos puedan verse con "los ojos de la mente".
    Otro ejemplo, algo simplón pero tal vez ilustrativo. Si yo digo: "Al niño lo entristeció mucho su pobreza", eso es abstracto, no es muy visual. Pero si digo "El niño se miró las puntas agujereadas de las zapatillas y empezó a llorar", entonces ya lograremos que el lector visualice mejor al niño y su tristeza.
    Bueno, espero haber echado más luces que sombras. :))
    Un beso grande, y muchas gracias por leer, comentar y plantear tus dudas.

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  12. Muy interesante!! Gracias!! (Dolly Gerasol)

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  13. ¡Gracias a vos, Dolly! Qué bueno verte por aquí.
    Un abrazo.

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  14. Me encantó el artículo. Útil e interesante, como todo lo que haces.

    Bss

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  15. ¡Qué halago, querida Pilar! Mil gracias. :)
    Un beso.

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  16. No había "visualizado" antes los textos. Muy interesante como desenredas y pones a la luz el inicio de un texto. Lógicamente si no se tiene un buen inicio no se puede continuar y menos culminar un escrito.
    Gracias!
    César

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  17. Muy interesante el texto que presentas. Siempre es bueno pasarse por aquí y aprender.
    Un abrazo, Daniel.

    (aunque no comente mucho, siempre leo lo que publicas :-)

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  18. Un texto para pensar y aplicar...¿habrá algúno que nos oriente en cuanto a poesía? Gracias!

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  19. Sara Lew: gracias por regresar siempre.
    Un abrazo.

    Gralba: en el blog hay algunos artículos que tanto cuentan para la narrativa como para la poesía. Pero es cierto que generalmente TdT apunta a lo narrativo; lo ha hecho desde su nacimiento. Ahora, debido a varios pedidos de poetas, trataremos de ampliar el espectro. Ya veremos qué sale cuando el blog empiece a marchar nuevamente. GRacias por pasar y dejar tu comentario.
    Un abrazo.

    A todos: estoy poniéndome al día con mis queridos talleristas; no bien lo haga, TdT volverá a funcionar normalmente, y también yo podré visitar algunos blogs amigos. Espero que sepan disculpar y que no nos vayan a echar al olvido.
    Abrazo gigante para todos.

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  20. Un placer saludarte, Daniel, aunque sea tanto tiempo después de la fecha de esta entrada.
    Me parecen muy interesantes tales observaciones sobre textos buenos y malos, pues una vez leíadas parecen obviedades, pero no constituyen un asunto tan sencillo cuando el escritor se deja llevar por su propia emoción y piensa que los demás van a "ver" la historia como él mismo cree plasmarla en su texto. Siempre conviene leerlo después con la cabeza fría, y juicio autocrítico.
    Por cierto, no te agradecí en su día una sugerencia que me hiciste para mi poema "Jazmín" que nació recargado de hipérbaton's y era cierto que quedaba mejor buscando frases-versos de construcción más sencilla. También es algo que vi posteriormente, cuando se alejó la emoción inicial y pisó tierra la autocrítica. Gracias.
    Un gran abrazo, Daniel

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  21. ¡Hola, Luis!
    Muy atinada tu observación: nuestros textos deben "descansar" un tiempo y luego leerse como si fueran ajenos. ¡No falla!
    Respecto de aquella sugerencia mía, era apenas un detalle, pero me alegra que lo consideres un aporte.
    Un fuerte abrazo.

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  22. Daniel:
    Pasé a saludarte, pero justo no se puede dejar comentarios, así que te dejo mi abrazo en esta entrada anterior.
    Estamos en contacto.
    HD

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  23. Muchas gracias, Humberto. Un gran abrazo.

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